La libre expresión

La libre expresión
Por Jorge V. Ordenes L.*
Una definición del significado de la palabra expresión es que se trata de un postulado o especificación de algo con la intención de darlo a conocer de modo que se entienda como lo desee el emisor de esa expresión. Todos sabemos que esa expresión puede ser artística, científica, social, religiosa, política, etc. y que en todo caso está sujeta a la valoración del receptor dependiendo de la cultura y formación de éste, de su circunstancia vital que va desde su formación didáctico-moral, su derrotero social y hasta su salud sobre todo mental, et. al. En tanto la expresión sea mejor y más uniformemente entendida por el orbe de receptores o público, el emisor de esa expresión recogerá aceptación e incluso reconocimiento. Así, Alcides Arguedas, por ejemplo, se expresó sobre la circunstancia boliviana en historia, ensayo y novela en forma aceptable y hasta admirable para una muchedumbre de receptores nacionales e internacionales. Gabriel René Moreno hizo lo propio en historia y crítica literaria también en forma notable. El poeta e insinuante articulista coetáneo, Pedro Shimose, también, y sigue creciendo en expresión y reconocimiento. O sea que hablar de expresión es hablar de conocimiento y la necesidad y hasta urgencia de difundirlo.
Hablar de libertad (libertad de lo que sea) es más intricado sobre todo en Bolivia porque cada boliviano tiene su propia manera de ejercer y por lo tanto de vivir su libertad… la de su cofradía, movimiento social, ministerio, gremio, comparsa, tropel o lo que sea, incluyendo los barrocos regionalismos y seudo amoríos con la tierruca. Por razones idiosincráticas de complejas raíces antropológicas que incluyen su devenir histórico sobre todo desde que Francisco Pizarro recurrió al sentido común y a la improvisación para derrotar a miles de guerreros incas, su vividura (la del boliviano) , utilizando un término del historiador español Américo Castro, está repleta de motivaciones, impulsos e incluso ímpetus arrolladores que le impiden ver, y menos respetar, el linde donde termina el ámbito de su libertad y comienza el ámbito del vecino o del prójimo en general. De ahí el dicho que reza “hecha la ley, hecha la trampa.” Su cada vez más fuerte individualismo raya en particularismo que histórica y desgraciadamente se ha traducido en un permanente intento de hacer un país sin que haya aparecido hasta la fecha un gestor de la expresión hablada o escrita que aglutine efectivamente la voluntad de la mayoría de los bolivianos. Acudir al fiasco electoral, por ejemplo, jamás conducirá a la formación del país… hecho hasta ahora a empujones y codazos de todo tipo y picardía solapada. La ignorancia no se entiende ni menos se acepta, se sufre. La libertad se socava cada vez más.
¿Qué el Estado salvaguarda la libertad? ¿De quién? ¿Acaso no fue Vladimir Ilich Ulianov, alias Lenin, que en Estado y revolución ( 1919) dijo: “Mientras el Estado exista no habrá libertad. Cuando haya libertad el Estado no existirá”.
Para luego añadir (citado por Sidney y Beatrice Webb en El comunismo soviético): “La libertad es tan preciosa que debe ser restringida”. Si tal es el empeño en algunos lares de Iberoamérica, recordemos que las ideas de Lenin y otros comunistas se pusieron en práctica y fracasaron en la ex URRS y ahora en Cuba. Eso sí, sobrevivieron revisadas, actualizadas y adaptadas en la social democracia de los europeos sobre todo los alemanes y escandinavos después de la segunda guerra mundial, y hogaño dan pautas de cómo no hacer las cosas a otros europeos y al mundo. Cómo hacerlas requiere expresiones inteligentes y sobre todo pertinentes ejercidas sin restricciones ni menos desacatos sacados de la fácil manga de lo impensado.

Y es precisamente esa lección pos 1955 que gozó de expresiones aceptadas por multitudes de todo poder económico y social, o sea más libres que otra cosa, que tenemos que aceptar y aprender. Lo demás es seguir perdiendo el tiempo vilipendiando la salud con la coca y la economía con el mal uso de los recursos… y desde luego marginando toda posibilidad de
una expresión edificante que nutra la libertad que tanto necesitamos.

*El autor es educador, columnista y miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.

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