Brillaron por su ausencia (I)

Brillaron por su ausencia (I)
Por Jorge V. Ordenes L.
Un factor contribuyente al periodo de protestas que vivió La Paz entre octubre de 1777 y los comienzos de la llamada “gran rebelión” de Tupac Amaru y luego Tupac Katari en 1781 fue la instalación de la Aduana de La Paz por parte de la autoridad realista. Al respecto y según el estudio Rebeliones y revueltas del siglo XVIII en el Bajo y Alto Perú, de la investigadora Scarlett O’Phelan Godoy (Alemania, 1983), en diciembre de 1780 un señor de nombre Fernando, Marqués de la Plata, decía que “desde 1777, los indios y mestizos tintoreros, bayeteros, y trajineros habían estado protestando formalmente contra los abusos de los guardas de la Aduana” y que ante la poca reacción de las autoridades, se habían producido motines y otros desórdenes que comenzaron el 22 de octubre de 1777. Entre otras razones, el desorden se había suscitado por los problemas de medida de las varas de tela que se declaraban y, según la Aduana, por las que realmente pasaban. Pero lo que más causó revuelo fue la subida de la alcabala del dos al seis por ciento, la del aguardiente llegó al doce por ciento, lo que afectaba directamente a los molestos comerciantes.

Sabemos que en 1781 se produjo la rebelión de José Gabriel Codorcanqui, Tupac Amaru contra el sistema de la mita y el reparto. Condorcanqui había sido transportista de carga en mulas. Y que si bien su trajín había tocado las orillas del Lago Titicaca, su accionar fue más en el sur del Perú donde al final fue ajusticiado en mayo de 1781 en el Cusco junto a toda su familia. Pero el que sitió las ciudad de La Paz, y Sorata, fue Julián Apasa, Tupac Katari, oriundo de Sica Sica o quizá Ayoayo. El historiador Roberto Querejazu Calvo dice en Historia de Chuquisaca que se sabía que Apasa había sido hijo de un sacristán, y que fue comerciante de coca y bayeta. Su esposa Bartolina Sisa fue su estrecha colaboradora en la búsqueda de adeptos para la rebelión y los sitios de La Paz y Sorata. Él dijo que tenía 140.000 combatientes pero en realidad nunca fueron más de 40.000.

Usted, amable lector, recordará que al mando de Sebastián Segurola, La Paz resistió heroicamente 109 días de asedio. Sorata sucumbió por inundación y la subsiguiente e inmisericorde, por no decir salvaje, masacre de sus pobladores. A La Paz liberó el coronel Ignacio Flores venido de Chuquisaca con tropa boliviana y luego también Argentina. Flores tuvo que retirarse a Oruro a los 34 días por falta de forraje para la caballería quedando de comandante el coronel José Reseguín con alguna tropa.

Tupac Catari volvió a sitiar La Paz esta vez por 75 días. Los sitiados volvieron a sufrir pero se dieron formas para arrestar a Bartolina Sisa en Potopoto (hoy Miraflores de La Paz). Luego se consiguió la rendición de Miguel Bastidas, uno de los hábiles comandantes de Tupac Katari,… nada menos que con 22.000 indios lo que deshizo la rebelión de Catari. Éste fue aprehendió y ajusticiado, y Bartolina Sisa ahorcada en la plaza principal de La Paz. Así describe Reseguín en su informe la reacción de la gente ante la ejecución de Tupac Catari, según narra Roberto Querejazu: “Fue vista por 9000 de sus seguidores que observaron absortos el trágico fin de su caudillo sin que se notara en ellos la menor demostración de sentimiento. Más bien varios de los principales se me presentaron después mostrándose agradecidos por verse libres de su opresor”. Aquí vale la pena recurrir nuevamente a Roberto Querejazu que respecto a las tácticas militares de los indígenas y sus aliados dice: “Después de dos siglos y medio, subsistiría el desequilibrio táctico por el que se perdió el imperio incaico y se frustraban los anhelos reivindicadores de los Tupac Amaru, Catari y Apasa, con gran mortandad indígena y muy poca de sus enemigos”.

Lo que busco destacar es que algo parecido iba a pasar cuando Murillo y los patriotas de La Paz cuando necesitaron el apoyo indígena para hacer frente en el Altiplano a los quince mil hombre de Goyoneche en octubre de 1809. Brillaron por su ausencia y la independencia de Bolivia tuvo que esperar el arribo del irreductible Sucre y luego Bolívar con tropa colombiana, irlandesa, inglesa y venezolana para derrotar a los realistas nada menos que quince años después. Otra hubiese sido la historia del indio paceño si ante los quince mil de Goyoneche hubieran mostrado la misma determinación que tuvieron en los sitios de La Paz y Sorata

Alcides Arguedas en el primer libro de su Historia de Bolivia, La fundación de la república, dice que intelectualmente, la Universidad de San Francisco Xavier hizo la Revolución en el Alto Perú y esa intelectualidad, como ustedes recordarán, estuvo representada por el comisionado chuquisaqueño, Doctor Michel, que llegó a La Paz el 8 de junio de 1809, y que no le fue muy difícil participar de los preparativos de la rebelión del 16 de julio sobre todo en las juntas secretas que desde hacía tiempo se venías celebrando para alcanzar el objetivo de la Junta Tuitiva de librarse del yugo español.

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