El individualismo destructivo de la informalidad

El neoliberalismo destructivo de la informalidad
Por Jorge V. Ordenes L.
En Bolivia hay gente del Órgano Ejecutivo (Ó.E.) y otros que utilizan el adjetivo “neoliberal” como improperio porque lo emplean en forma impensada y hasta malpensada como antónimo de “socialismo” lo que es una aberración para cualquiera que haya cursado el ciclo secundario. Y es una aberración porque aquí se trata mayormente de “neoliberales” empedernidos que no admiten obligaciones impositivas, licencias sanitarias, controles de pesos y medidas, leyes ni tampoco vivir en mancomunidad boliviana. Son los más fieles seguidores del Thatcherismo inglés y del Reaganismo estadounidense que detestaban las regulaciones y que abonaron la crisis que hoy azota al mundo. Estos en Bolivia son los llamados informales, incluyendo los comerciantes de coca que viven y comercian en el Chapare y los Yungas, que nutren el contrabando, el narcotráfico y la ilegalidad en detrimento del país incluyendo los movimientos sociales que obsesionan al Gobierno.

La informalidad en Bolivia mueve más de doce mil millones de dólares al año de los que el erario nacional no ve un real que no sea por consumo de gasolina y afines que son gravados con impuesto, lo que significa que la informalidad desde hace décadas practica un neoliberalismo desbocado en perjuicio del país que también lo conforman los que comercian legalmente pese a las metidas de pata del ÓE que no hace mucho decidió disgustarse con EEUU que fue importador de lo legalmente manufacturado incluyendo ropa que ahora la informalidad triunfante dizque importa, ¡y usada!

La creencia de que el bajo precio de los productos de los mercados informales conviene al público en general es una falacia y un error no solamente económico sino social y a la larga político ¿por qué? Porque al no pagar los impuestos y cumplir con otras legalidades la informalidad descontrolada priva al erario de fondos que siempre se necesitarán para mejorar escuelas, hostales caminos, etc., que hoy están en condiciones precarias y todos lo sabemos; además, priva de empleo a miles que deberían estar mejorando constantemente estos servicios a los que la población tiene derecho y el Gobierno central tiene la obligación de ver que funcionen competentemente, lo que viene a ser una forma de socialismo edificante que hoy está coartada por la informalidad contrabandista, cocalera y neoliberal a ultranza y a sabiendas. La verdad es que ni lo neoliberal debidamente administrado es antagonista del socialismo, ni éste debe ser antagonista del neoliberalismo. Que hay neoliberalismos y neoliberalismos, por supuesto, como hay socialismos y socialismos.

Una fuente de la incertidumbre, frustración y hasta confusión que asola a más de la mitad de la población boliviana a comienzos del 2010 es precisamente la plurivalencia e incluso vaguedad de la retórica gubernamental que se repite hasta el cansancio con clara intención imprecisa que agobia al más paciente. A propósito, para comprender la necesidad de comenzar a neutralizar el neoliberalismo destructivo de la informalidad en Bolivia, la otra mitad del pueblo de Bolivia, o sea los que mayormente conforman los movimientos sociales, tendría que ser educada en los ciclos primario, secundario y terciario de una manera sostenida durante mucho tiempo, tanto que alguien en algún momento tendrá que admitir una verdad socio-política ineludible cual es que solamente una cuidadosa yuxtaposición y mezcla de socialismo sereno y neoliberalismo controlado sacarían a todos los bolivianos del brete insulso en que nos encontramos.

Por el momento la primera obligación del Ó.E. debería ser meditar en torno a la dosis de neoliberalismo que debe entrelazarse o combinarse con una dosis de socialismo en cualquier cometido que emprenda el gobierno y/o la oposición para luego debatirlo públicamente, legislarlo en ley por voto, buscar y conseguir la aquiescencia del Poder Judicial; esto con el propósito de llevarlo a la práctica simultánea y coordinadamente sin más tardanza. Gobernar competentemente no requiere menos.

Los ejemplos sobran donde un socialismo relativamente bien llevado como el chileno, uruguayo, costarricense, colombiano, español, etc., que tienen servicios de salud, educación de todo nivel, ayuda al desempleo, jubilación, protección policial, edificación y construcción de infraestructura caminera y otras, fuerzas armadas, etc., por cuenta del Estado, o sea por cuenta so-cia-lis-ta. Y esto es algo que muchos en Bolivia parecen ignorar cuando hablan de un “movimiento al socialismo” sin especificar el significado pleno y claro de lo que pregonan. Se trata de palabreríos ambiguos que más equivalen a la más pura demagogia que en este caso se define como “halago echado a la plebe con fines políticos”.

Aquí la plebe es la población de informales que nunca será parte saludable del Estado ni menos su base confiable. Así, para mejorar o sea para hilvanar un mejor socialismo estatal en democracia es menester erradicar los desmanes de la informalidad neoliberal ¡de cuajo!

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