Veinte años después del muro

Veinte años después del muro
Por Jorge V. Ordenes L.
Rusia y su comunismo expandido a la fuerza en otros países europeos separándolos del resto del mundo con la cortina de hierro, que apartó voluntades y aptitudes y que hoy en Alemania y los países del este europeo todavía encuentran difícil lograr conciliación. La verdad es que es mucho más fácil construir un muro que reconstruir un país. Y muro es lo que está intentando edificar ciegamente, y por desgracia, el socialismo del siglo XXI entre sus seguidores por un lado, y la mayoría de los latinoamericanos por otro.
Veinte años después de la caída del muro de Berlín todavía existen barreras socio-económicas y políticas difíciles de derribar entre lo que en vida fue la República Democrática Alemana o Alemania del Este desde el 13 de agosto de 1961, en que se erguió el muro, hasta el 9 de noviembre de 1989 en que se lo derribó y la República Federal Alemana o Alemania del Oeste comenzó a absorber a la del Este con múltiples dificultades no solamente financieras sino idiosincráticas que todavía pesan en la conciencia alemana e incluso europea.
El 9 de noviembre de 1989 a las 18 horas, cuando el señor Guenter Schabouwski, entonces miembro de Politburo de Alemania del Este, ofrecía una confusa conferencia de prensa para dizque anunciar medidas pacificadoras de las manifestaciones populares de Berlín del Este que pedían reformas estilo Gorbachev, no supo qué decir cuando le preguntaron en qué momento éstas entrarían en vigencia. Su respuesta fue históricamente improvisada: “inmediatamente”, dijo. Y fue la gente la que dio significado a este adverbio comenzando por demoler el muro, el comunismo y sus bemoles que, dicho sea de paso, estaba siendo carcomido por dentro mucho antes de noviembre de 1989.
En la Alemania integrada de hoy, las dificultades todavía se derivan del paulatino fracaso comunista de la Alemania del Este sobre todo el no haber podido alcanzar el próspero nivel de vida de Alemania del Oeste entre 1961 y 1989. La mentada equidad comunista sin lograr la opulencia socio-capitalista define su fracaso y, peor, su prolongada secuela de postergación y desaliento. Para dar una idea, todavía en 2009, el desempleo en lo que fue Alemania del Este es el doble de lo que es en Alemania del Oeste. El índice de fertilidad en ésta es un relativamente bajo 1,3 y en aquélla es incluso menor. Doce por ciento de la población o un millón setecientos mil alemanes del Este han emigrado al Oeste para buscar una mejor vida. Los que quedan acaso sean víctimas de una especie de nostalgia comunista que quizá los haga pensar que “todo tiempo pasado fue mejor”. Y producen mucho menos de lo que podrían producir, claro, lo que representa un lastre para la mayoría de los alemanes que busca la forma ecuánime de rescatarlos emotiva y socio-económicamente. Y aquí precisamente está la madre del cordero.
Si en Bolivia tenemos hondas brechas en las relaciones humanas cuyos orígenes se diluyen en las divisiones pluriculturales y regionales de cientos de años ¿cómo el Órgano Ejecutivo pretende plantearlas con la “ayuda” de ideologías importadas como los socialismos comunistoides que en su historia tienen monumentales fracasos como el de Alemania del Este y otros países? ¿Acaso no es dable y hasta lógico pensar que nos estamos metiendo en un brete, añadido a los bretes de ignorancia, confusión y subdesarrollo múltiple que ya sufrimos, de los que ha de ser muy difícil y hasta imposible salir en varias generaciones? Si los europeos que gozan de pleno alfabetismo, educación superior y cuidado de la salud, y avanzan hacia la unión continental, han consumido hasta ahora dos generaciones para comenzar a salir de sus bretes ¿cómo nos irá a nosotros que por naturaleza creemos que tenemos y sabemos todo, y que no necesitamos leer libros, y que contemplamos piedras animadas?
La experiencia de Alemania del Este con un izquierdismo aberrante debería ser un aviso a los comunistoides enceguecidos del Gobierno de Bolivia y sus allegados en el sentido, insisto, de que es mucho más fácil destruir nexos humanos con teorías políticas caducas, mal repensadas y peor implementadas, que construirlos. Como dice el Washington Post, ha tomado casi veinte años para que una político de Alemania del Este, Ángela Merkel, llegue electoralmente a ser Primer Ministro de Alemania. En EEUU tomó cien años, después de la Guerra Civil entre el norte y el sur, para que un sureño de Texas, Lyndon B. Johnson llegase a la presidencia de EEUU.
Con la excusa de los 500 años, el neoliberalismo y las derechas, otro tanto busca hacer a control remoto el izquierdismo europeo y sus títeres de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela cuyas derechas, en buena medida, son intocables porque hace tiempo que han emigrado y contemplan desde palco lo que acontece. Las derechas tocables deberían ser aliadas que paguen impuestos justos y respeten las leyes laborales en un cometido que evite construir barreras en países que para desarrollarse no las necesitan ni ahora ni nunca.

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