Hacia el despeñadero

Hacia el despeñadero
Por Jorge V. Ordenes L.
La unidad de Bolivia marcha al despeñadero cuando hay dos celebraciones de mayo en Chuquisaca; cuando con premeditación, alevosía y ventaja se intenta intimidar a los senadores en la Plaza Murillo de La Paz; cuando se elimina a los legalmente posesionados representantes del Poder Judicial; y cuando se quiere hacer declarar a autoridades electas sin que los mandamientos vengan de este Poder.

El Poder Ejecutivo, Órgano Ejecutivo (OE) mejor dicho, sobre todo sus entes duros, por alguna razón no quiere darse cuenta de que está despedazando el país, a esos entes como entidad, e incluso se están despedazando como seres humanos. Al país despedazan al intentar “gobernar” una parte de la población, sobre todo a los disidentes, por medio de decretos dictatoriales proclamando un tipo de “democracia” que ellos han inventado y que es una verdadera oligarquía basada en elecciones cuestionadas, en una constitución cuya ratificación electoral también está cuestionada, en los fondos del Tesoro General de la Nación y en las decisiones de los “duros” que no creo que incluyan a Su Excelencia (S.E.), por lo menos no parece.

Al Gobierno despedazan al hacer que éste asuma las responsabilidades claves del Poder Legislativo y del Poder Judicial lo que es mucho trabajo para hacerlo medianamente bien. Y se despedazan como individuos porque la angurria de poder y de otras cosas está descarriada, lo que impide que cualquier ser humano que sea víctima de semejantes presiones resulte mentalmente ileso a mediano plazo. Estos factores por desgracia auguran un camino lento pero seguro al despeñadero económico y social de Bolivia (que ya está emocionalmente dividida) que afectará negativamente a sus gobernantes de ahora y del futuro. Esto porque desandar buena parte de lo andado ha de tomar décadas, si es que se empieza hoy.

Todos sabemos que la economía está debilitándose porque: el ATPDEA que teníamos con EEUU no ha sido sustituido con éxito ni mucho menos; las remesas del exterior han disminuido sustancialmente; la maquinaria de perforación traída de Venezuela no sirve porque está en desuso y no cuenta con la tubería para hacer un orificio de cinco kilómetros tras gas natural; los conflictos de ropa y vehículos usados no han sido superados; los mineros de Porco y de otros centros, más los trabajadores en textiles, están inquietos; el Oriente de Bolivia, el sur y el norte están siendo abierta y arteramente socavados como motores de las exportaciones bolivianas; los subsidios Juancito Pinto, Dignidad y J. Azurduy son aciertos sociales pero trivialidades económicas en cuanto a la demanda agregada. Y todos sabemos que la informalidad, o sea el contrabando y el narcotráfico están haciendo, con toda probabilidad, que las reservas del Banco Central no disminuyan a un ritmo mayor. Pero cuanto si éstas comiencen a disminuir sustancialmente, la demanda de dólares aumentaría pese a los inefectivos controles de salida y a los dólares del narcotráfico, y el tipo de cambio del dólar subiría hasta rayar diez bolivianos por dólar o más, y la crisis se agudizaría. Todo por no prevenir en vez de curar lo que habrá de ser un problema de marca mayor. También sabemos que una esperanza es que las compañías petroleras y gasíferas, dizque nacionalizadas y pese a las poses y aspavientos oficiales, continúen trabajando de modo que los combustibles no escaseen. En esto último el OE ha sido menos descuidado porque vaticinó que YPFB tardaría en organizarse y producir a la altura de algunos de sus antecedentes históricos. La verdad es que ideas usadas y caducas, como las de la ex URSS y Cuba, no aumentarán el empleo que Bolivia desesperadamente necesita. ¡Andamos por el cincuenta por ciento de desempleo y subempleo!

El postulado de que “el fin justifica los medios” es un eufemismo, o sea un método suave de postulación pero duro e irreflexivo en su realización. O sea que en política este postulado es antidemocrático e ilegal, claro, en un sistema de legalidad que se respete. Con todo, lo débil de este eufemismo en el caso actual político boliviano es que los fines del OE cambian porque cambian las circunstancias, las ideas, los hombres y las mujeres; y los medios para llegar a esos fines también deberían cambiar porque si no cambian se tiene la debacle que vive Bolivia donde sólo la violencia y el decretazo se están utilizando cada vez más como medios para dizque alcanzar fines que algunos de nosotros creemos que mejor se alcanzarían por métodos más reflexivos y menos ilegales. Despedazar es fácil.

Si el fin es hacer una Bolivia enferma como Cuba, descartar, doblegar y/o silenciar en forma violenta y hasta homicida, sin detención, juicio y sentencia a los que se oponen, son también formas de terror entre bolivianos muchos de los cuales buscan expresar su desacuerdo con llevar al país al despeñadero político-social, y tal vez histórico. Entiéndase, la justicia social no puede ir por despeñadero alguno, ni menos por el de la confrontación. http://www.jvordenes.wordpress.com

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