El agotamiento de los discordes

El agotamiento de los discordes
Por Jorge V. Ordenes L.
Ahora que las tensiones parecen haberse reducido (de ninguna manera eliminado) en el ámbito de los ataques montoneros y asaltos de hecho en las localidades e incluso ciudades de Cobija, Porvenir y otras del departamento de Pando; Riberalta y otras regiones del departamento del Beni; y como se percibió en el sitio por parte de miles de entes armados presuntamente enviados y adiestrados por el Gobierno y predispuestos en los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra; y desde luego lo que habíamos visto antes en Sucre, Tarija, y hasta en la plaza Murillo de La Paz, todo organizado y pagado, según la voz populi, por un Poder Ejecutivo (PE) que por razones importadas y malpensadas tiene por sistema imponer en vez de persuadir, y dictar en vez de gobernar democráticamente; ahora que esas tensiones aparentan haberse reducido, decía, cabe respirar hondo y cavilar en torno al cuarto intermedio que vivimos en el “ojo de la tormenta” desatada por el PE en el que parece que la cordura ha prevalecido por lo menos por el momento, lo que representa un cambio en la discordia con que este Gobierno conducía sus caprichos apoyados por los resultados de promesas que las milicias (hasta hace poco movimientos sociales) que han creído y han actuado y siguen actuando en función a esas promesas. Pero como no hay bien ni mal que duren, algunos del Gobierno han decidido manifestarse en pos de la concordia que por más tarde que llegue, concordia es por lo menos en estos días del año dedicados a los muertos y a los cementerios.

Y digo “ojo de la tormenta” porque para los pandinos y todos los bolivianos donde estén, el mantener el estado de sitio en Pando no solamente continúa conmoviendo conciencias porque las razones gubernamentales que llevaron a él fueron y continúan siendo producto de premeditaciones, alevosías y ventajas, y porque no hay región ni localidad del país que se sienta tranquila ni menos satisfecha con lo ocurrido en Pando y el norte del Beni; ni menos con los secuestros a lo novela romántica del siglo XIX, ni con las divisiones que se han suscitado en la oposición política del Senado de la república con respecto a eso de la “aprobación” de una serie de correcciones en el texto de la espuria constitución de Oruro que no satisfacen a nadie pensante dado lo atrabiliario que llevó a la redacción de ese texto que empezó poco menos que “a lomo de caballo” y con celular en Chuquisaca donde por respeto a la historia del país, que es la historia de todos nosotros, milicianos, gobernantes y otros, debió haber sido todo lo contrario.

La “constitución corregida” es en realidad un desdibujo hecho a empellones y sangre, a más de apuros y sinsabores nada menos que por gente presionada, amenazada y, peor, apurada. Que algo salió del atolladero de correcciones y del ambiente de circo que caracterizó el lento sedativo colectivo que viene a ser la hoy consabida “corrección”, no hay duda. Y ese “algo” tiene que ver una vez más con la forma maliciosa y dilatada con que hacemos prácticamente todo lo que se refiere a los asuntos del proyecto de país que habitamos sin darnos cuenta de que lo que venimos realizando no tiene pies ni cabeza, y que en lustros solamente será un hazme reír de nacionales y extranjeros donde ya no habrá venezolanos ni cubamos de los de ahora, ni menos los sabihondos europeos que en Bolivia creen que han descubierto la pólvora ideológica de sus sobresaltos estimulados sobre todo por el inmenso costo inherente a la descalabrada pérdida de tiempo que todo esto significa para los que estamos en la probeta de esta historia.

Y digo que no tienen pies ni cabeza porque no satisfacen a nadie. “Moros” y “cristianos” están insatisfechos, y sólo aceptan el estado de cosas que vivimos porque todos se han convertido, por falta de ideas, serenidad y hasta sanidad en parte del problema y como tal no parece que pueden plantear nada en serio ni menos los problemas para ver de solucionarlos. Hay una inhabilidad inexplicable entre gente adulta de tomar distancia para que desde una perspectiva serena se analice lo que acontece de forma que se comience a sanear.

Lo de las autonomías departamentales se ha convertido en una abstracción porque cuando la sangre llegaba al río y la unión debió haber hecho la fuerza sobre todo en Santa Cruz y el Beni, a los liderazgos se los vio vacilantes y hasta faltos de ideas. Incluso se dudó de su organización y aplomo. Ojalá que esto haya sido elucubración momentánea.

Por el lado andino el Movimiento Indio Pachakuti (MIP) ha venido lanzando proclamas por la internet acusando a Su Excelencia (SE) de traidor a la causa indígena por haber autorizado el cambio de texto de la “Constitución” de Oruro a favor del neoliberalismo.

O sea que el agotamiento de los discordes es un hecho incontrovertible que está haciendo que las agujas del reloj lleven carga que sólo el andar hará precipitarse en el rojo o negro de la ruleta politicoide que injustamente nos ha tocado vivir.

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