Todavía intentan imponer

Todavía intentan imponer
Por Jorge V. Ordenes L.
En castellano del diccionario “negociar” significa tratar asuntos públicos procurando su mejor logro. O sea que no se puede llevar adelante ninguna negociación, ni siquiera se debe convocarla, cuando se acude a la mesa con el rancio afán de “imponer” como lo acaba de hacer nuevamente S.E. y sus secretarios ante los prefectos departamentales y/o sus autorizados representantes sobre todo después de que el Gobierno hizo escarnio de la moralidad, las leyes y la institucionalidad con el Referendo Revocatorio que lo único que ha conseguido es confirmar lo que todos sabíamos, que Bolivia está profundamente dividida políticamente; y que ante semejante polarización lo más sensato y hasta civilizado es convocar al diálogo, o sea a la negociación. Pero negociar es una cosa, e insistir nuevamente en procurar imponerse es otra muy distinta, repetitiva, baladí y costosa. Es simplemente incomprensible volver a convocar una reunión sin la intención de alterar lo que impidió el éxito de las “negociaciones” anteriores, o sea sin modificar la espuria constitución de Oruro, y sin restituir por lo menos una parte negociada del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH).

La cuestión palpitante es cómo hacer entender a S.E. y sus turiferarios que el verbo “negociar” es, o debería ser, edificante; y que el verbo “imponer” significa imputar o atribuir a otro una cosa que éste no acepta libremente. “Imponer” en este caso denota vigencia de dictadura, y connota ¡ojo! el deseo de S.E. de que a través de la espuria constitución de Oruro se llegue a la dictadura de los “movimientos sociales” del Occidente del país con él a la cabeza… que dicho sea de paso habría de ser reelecto dizque por “designio constitucional”, lo que es completamente inaceptable, y ahí está la madre del cordero. ¿Por qué no entienden S.E. y compañía que su intransigencia y tozudez los llevará a la pérdida del poder? Algunos de nosotros creemos que lo entienden perfectamente pero que se ven imposibilitados de cambiar de ruta como resultado de mal cálculo político que hicieron a un comienzo. Hoy se los ve metidos en una camisa de fuerza de la que no pueden zafarse porque parecen haber perdido la llave, lo que no solamente es increíble sino jocoso.

El problema es que S.E. ha prometido tanto a las docenas de líderes de los “movimientos sociales” occidentales que ahora no sabe cómo retractarse. En otras palabras, no sabe cómo decir a esas bases que como líder más impulsivo que práctico prometió mucho ignorando cuán grande y variada era Bolivia, y cuán irrelevante era el trajín político de antaño poblado de partidos políticos desgastados e intrascendentes. Aquí desde luego fallaron los teóricos extranjeros de las ONGs que simplemente no abrieron los ojos, menos la mente, ante el impetuoso regionalismo de los variados componentes de la Media Luna, más Chuquisaca y Cochabamba, que cansados del centralismo también desgastado, paralizante y corrupto, han reaccionado políticamente con un pregón popular de autonomismo que ningún intelectual que nutrió la mente de los gobernantes de hoy supo medir ni menos sopesar. Creyeron que sólo el pregón andino de los quinientos años era suficiente para arrasar. Pero descuidaron tomar en cuenta el ímpetu democrático de los inmensos movimientos sociales que han votado contundentemente por el verdadero cambio que debe darse en Bolivia empezando con el reconocimiento de las autonomías departamentales y, por favor. ¡no otras!

Todo esto torna cada vez más increíble el hecho de que las ONGs y sus pupilos nacionales no tengan un plan político alternativo que les permita dialogar con los movimientos sociales que hegemonizan de modo que puedan explicar que “negociar” a esta altura de las cosas significa “ceder”. Ceder en cuanto a convocar nuevamente a la Asamblea Constituyente para que esta vez trabaje en serio y competentemente en la preparación de una Constitución que sea aceptable a todas las regiones del país. Y ceder en cuanto a decir que no tienen nada de malo restituir las remesas de IDH en tanto se tenga los fondos para garantizar el Bono Dignidad, lo que es posible sin mucha alharaca y sin tanto temor a antagonizar al Presidente de Venezuela o algún otro. También habría que explicar la necesidad de descentralizar los Poderes del Estado de modo que las autonomías departamentales sientan la presencia de cada uno de éstos con plenos poderes en sus capitales. No menos importante es el voto de los bolivianos en cuanto a que Sucre aloje los elementos centrales de los tres poderes del Estado.

Los intelectuales del Gobierno central de una vez por todas deben situar la mula antes del carro en el sentido de practicar la improvisación para diseñar un plan alternativo de diálogo fluido y competente primero con sus bases (que entre otras les sirva de aprendizaje) para luego llevar esos resultados a una verdadera negociación con el país que hoy está más que cansado con los intentos de imposición del Gobierno. jvordenes.worpress.com

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