La insulsez como constante

La insulsez como constante
Por Jorge V. Ordenes L.
El “nuevo modelo” de la economía de Bolivia enunciado por el Poder Ejecutivo es una insulsez más de gente que proclama haber leído miles de libros que seguramente han versado sobre todo menos economía y finanzas, y menos todavía sobre finanzas internacionales. Tampoco parece haber leído historia en el sentido de desconocer el fracaso de las economías estatales donde éstas se hayan tratado de apoyar en otras entidades estatales del mundo desde 1917. La historia de Bolivia ilustra con lujo de detalles el fracaso del Estado metido a empresario que, por lo visto, los insulsos que hoy tienen el poder desconocen y, peor, ¡ignoran la actitud vital de la mayoría de las etnias que hacen Bolivia! ¡Increíble!
Los que dominan el Ejecutivo dictan antidemocráticamente que la ideología de izquierda debe prevalecer a toda costa al punto de querer hacer calzar la realidad macroeconómica y microeconómica de lo que entienden por Bolivia dentro de esa ideología caduca. Ahí radica la insulsez que aludo. Se trata de un desvarío que por donde se lo mire apunta al fracaso y desde luego a la postergación de la erradicación de la pobreza de la mitad de los habitantes del proyecto de país que todavía es Bolivia que en este momento ni Poder Judicial tiene, aunque todavía hay tiempo para enderezar las cosas.
En primer lugar, cualquier intento de “expansión del Estado nacional productor”; de “industrialización de los productos naturales” para “ dizque modernizar y tecnificar la pequeña y mediana industria”, “garantizar el mercado interno” y distribuir la hipotética riqueza… necesita una Constitución Política del Estado aceptada por todas las regiones de Bolivia que haga posible la reorganización de ese “Estado” que en este momento no existe jurídica ni económicamente. Ni siquiera políticamente. Por favor, urge hacerse asesorar competentemente si uno ignora.
Lo que existe hoy es una crisis constitucional, entre otras. Y si vivimos una crisis constitucional lo primero que hay que hacer, señores del Ejecutivo, es plantearla para intentar solucionarla en función a lo que demande la mayoría del pueblo de todo el país, no solamente lo que quieran ustedes, su amos venezolanos y de ONGs, y algunos “movimientos sociales”. Digo algunos porque los bolivianos que hasta ahora han votado por la autonomía departamental también son movimientos sociales que alcanzan más de la mitad del país sobre todo si el Ejecutivo se abstuviese de obstaculizar los referendos con triquiñuelas montoneras e ilegales (si basamos la legalidad en la Constitución antigua que todavía debería regir).
Ahora, para expandir “el Estado nacional productor” primero tenernos que definir que entendemos en este momento por “Estado productor” porque el adjetivo “nacional” se sobreentiende dentro del significado de “Estado”, si o no señores leídos del Gobierno que a menudo hacen declaraciones sin el visto bueno de S:E. que por otro lado estoy seguro que las vetaría. A lo que voy es que en este momento lo “estatal” más importante está en crisis. Me refiero a la industria del gas que por haberse decretado “estatal” en forma precipitada, mal pensada y peor ejecutada, hoy no puede cumplir los contratos internacionales con Argentina; no puede contraer otros contratos de exportación; no está pudiendo satisfacer el abastecimiento interno; escasea la inversión que desesperadamente se necesita; ni menos existe un YPFB que tenga la menor perspectiva de salir adelante. Entonces ¿de qué “Estado productor” habla el representante del Gobierno con la desfachatez que lo caracteriza cuando lo único que está produciendo en este momento es la agroindustria oriental, la minería de Potosí que incluye empresas privadas como San Cristóbal y otras que por la puerta trasera del país están ingresando con la venia sumisa del los promulgadores de la producción estatizada?
Lo de “modernizar y tecnificar la pequeña y mediana industrias” es más retórica insulsa sobre todo por lo pleonástica ya que, para empezar, no se puede “modernizar” sin “tecnificar” ni “tecnificar” sin “modernizar”. Palabras cuyos significados cuentan menos que el ruido que producen al pronunciarlas entre dejos televisados de presunta sabiduría, cuando la verdad es que no se está diciendo nada. Otra verdad es que para tecnificar la pequeña industria es necesario desarrollar la mediana y desde luego la gran industria, como la agrícola que en la Media Luna se debería estimular en vez de entorpecer. Y otras que también necesitan infraestructura de autopistas y caminos, y cientos de servicios que el Estado nunca podrá satisfacer en parte porque jamás ha dado resultado en otros países, y en esto reto a los sabihondos del Ejecutivo a que nombren un solo país que en este momento tenga un sector estatal productivo que haya satisfecho las necesidades básicas de los ciudadanos, como el derecho a disentir políticamente, a criticar si restricciones estatales, y a movilizarse como le venga en gana. Les ayudo, no hay. Entonces, a qué tanta insulsez.

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