De proyecto a factibilidad

De proyecto a factibilidad
Por Jorge V. Ordenes L.
El cuatro de mayo de 2008 marca un hito histórico porque a partir de entonces Bolivia ha pasado de proyecto de país a factibilidad; es decir, por primera vez dos significantes componentes de la multietnicidad y pluriculturalidad de que habla la Constitución, todavía vigente, han experimentado un encontronazo en forma penosamente democrática pero contundente e inédita lo que no deja de tener elementos positivos.
Esos componentes identificados hoy por un lado como la Media Luna, Chuquisaca y Cochabamba; y por otro por el Occidente mayormente representado por El Alto, las regiones rurales quechuas y aymaras, Oruro y parte de Potosí, (nunca la ciudad de La Paz rodeada por el momento) se encuentran por primera vez frente a frente ante la responsabilidad de hacer o deshacer el país. Tan claro e intrincado como eso. Toda factibilidad es tan realizable como irrealizable. Ahí estamos y la responsabilidad de ambas partes es inmensa. Pero el momento ha llegado. Irse cada uno por su lado es la salida aparentemente fácil, pero tener que sacar pasaporte para viajar de Santa Cruz a La Paz es una aberración. Pero urge ser positivo y edificante.
Nunca las más representativas etnias y culturas del país habían tenido un encontronazo indeseado pero necesario. Se trata de un fenómeno enconado, proclive al griterío e incluso a la violencia, pero encontronazo al fin. El resultado puede que esté lejos de ser un acuerdo de honorables, o un maridaje forzado por las circunstancias y la presión internacional, pero por lo menos y por el momento el futuro del país se muestra más factible que nunca siempre y cuando prevalezca una Constitución aceptada por todos, y no el mamotreto de Oruro.
Históricamente una parte minoritaria de blancoides y mestizos ha “gobernado” Bolivia. Y escribo “gobernado” entre comillas porque la verdad es que han gobernado mayormente para y por sus intereses nacionales e internacionales, explotando, mintiendo y aprovechándose del carácter perentorio del poder político y sus flecos, y enriqueciéndose a costa de la factibilidad de Bolivia. Si buena parte de esas camarillas hubiesen gobernado para todas las etnias bolivianas en forma más o menos equitativa, la gente de toda etnia no se hubiera frustrado con esas camarillas, y acaso no hubiera votado por el actual presidente del país en 2005.
El presente Gobierno y sus políticas descabelladas son producto directo de la mezquindad y miopía políticas de esa parte minoritaria de blancoides y mestizos que sin pensarlo han hecho que lleguen al poder los confusos representantes dizque de los “movimientos sociales” y de los “originarios” de hoy. Pero no hay mal que por bien no venga porque este Poder Ejecutivo dictatorial y comunistoide ha provocado la organización masiva de la Media Luna en contra de los hijos moral y políticamente putativos de esa parte minúscula de blancoides y mestizos que tradicionalmente ha tenido sus bases en la sede de Gobierno y alrededores tanto geográficos como emotivos, incluyendo ahora el Chapare, los San Julián y los Yapacaní. Y esos grupos minoritarios de blancoides y mestizos también tuvieron sendos representantes en lo que hoy es la Media Luna, que bien se aprovecharon de las cosas como estuvieron en Bolivia por muchas décadas hasta que llegó el momento, en 2005, de polarizarse. El regionalismo recalcitrante de algunos se montó en sus intereses económicos y de estruendo político de coyuntura.
Las metidas de pata del Poder Ejecutivo actual facilitaron la toma de partido en su contra al punto de fortalecer el clamor de autonomía que por lo contagioso ha llegado nada menos que a los aymaras de Puno. Y esto como inicio porque a lo mejor los aymaras del lado boliviano de la frontera también se contagian y piden autonomía para toda la región aymara del Altiplano boliviano-peruano lo que haría del “movimiento social” aymara un aliado ¡de la Media Luna! Lo que pasa es que gobernar mal es como escupir al cielo, y es precisamente lo que viene haciendo el Poder Ejecutivo actual. Qué desgracia.
Ahora, si de partes que se encuentran se trata, y considerando que este Ejecutivo y su Occidente rinden poco menos que culto a la Constitución de Oruro, es necesario y hasta urgente que la Media Luna, Chuquisaca y Cochabamba preparen su propia versión de la Constitución, un solo documento separado de los estatutos autonómicos de cada uno, que sirva de contrapeso a la de Oruro de modo que nosotros y el mundo nos percatemos menos confusamente de lo que acontece en el encontronazo de éstos y aquellos párrafos de una posible carta magna. Así los discordes es posible que lleguen a la concordia que para comenzar haga posible un Poder Judicial que tenga el suficiente ñeque nacional, boliviano, para ver que los nefastos excesos que tanto nos separaron no se repitan de modo que Bolivia como país pase de la factibilidad a la realidad que todos nos merecemos, hasta los que han delinquido y a pesar de ellos. http://www.eforobolivia.org http://www.analitica.com

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