Eso de dignidad en política

Eso de dignidad en política
Por Jorge V. Ordenes L.
Hace unos días el Presidente de la República habló pretorianamente de la “renta dignidad” que es un monto de dinero público destinado a los ciudadanos bolivianos mayores de 60 años, etc. El problema es que el sustantivo “renta” y el sustantivo en este caso adjetivado “dignidad“ reflejan el sentir político anémico de Poder Ejecutivo, lo que no deja de intrigar y hasta indignar ¿por qué? porque la jubilación o renta como haber pasivo en dinero nunca ha sido pensado como portador o evacuador de “dignidad” ni mucho menos. Esto porque el ciudadano boliviano de cualquier edad posee dignidad en forma nata, contundente y religiosamente histórica, y no busca ni necesita que nadie se la aumente, reconozca, recuerde ni mencione políticamente. ¿Acaso el anciano boliviano era menos “digno” cuando recibía el bonosol, o cuando no recibía nada? Como dijo el médico, dramaturgo y cuentista ruso Anton Chejov en la novela La señora del perrito: “la vida es hermosa excepto cuando nuestros pensamientos y acciones diluyen los altos valores de la dignidad humana inherentes a la existencia”. Y diluyendo dignidades están los hiperpensadores del Poder Ejecutivo que una vez más se destacan por el uso desfachatado del castellano.
La verdad es que la tal “renta dignidad” que, insisto, entre buenos entendedores siempre se debió haber llamado y debería seguirse llamando jubilación, tendría que resultar del trabajo de las personas que han contribuido por años al erario o a los agentes de fideicomiso de éste, como las AFP, por medio de descuentos de la planilla salarial. Pero como en Bolivia por mucho tiempo los dineros no se han recolectado o no se han administrado debidamente, o se han hurtado (sobre esto último digo algo más adelante), la jubilación de muchos bolivianos como grupo social por lo general no ha tenido ni tiene los fondos suficientes. Por eso se recurre a argumentos politicoides como ese de que ahora los recursos naturales “que nos da la Pacha Mama”, como el gas, sirven para pagar la “renta dignidad”, cuando la verdad es que la tal renta se está pagando en buena medida ¡quitando la dignidad de otros bolivianos! lo que no deja de ser políticamente pueril y desde luego contraproducente.
Nadie en su sano juicio está en contra de pagar un monto mensual a los ancianos, pero lo que sí desafía toda lógica e incluso va increíblemente al contrapelo político es acoplar eso de “dignidad” a una forma de financiamiento ¡indigna! Digo esto porque reducir el IDH que justa y legalmente ha pertenecido y pertenece a las poblaciones de todos los departamentos significa restar recursos a quién los necesita para concretar proyectos que benefician a toda la población incluyendo desde luego ¡a los ancianos! ¡y a los hijos y nietos de éstos! Es por lo tanto absolutamente indigno e incluso engañoso dar una renta con el nombre de “dignidad” al bolsillo derecho del anciano con dinero del bolsillo izquierdo de los intereses de ese mismo anciano, y sólo para mostrar el ropaje de un monigote de dádiva política sostenido por espejismos financieros. Es un engaño.
El Poder Ejecutivo ha ejecutado, decapitado mejor dicho, nada menos que la ética elemental mimetizando en forma solapada y hasta acomplejada una política de castigo financiero a la Media Luna, Chuquisaca y Cochabamba por haberse opuesto a su socialismo de campanario, caduco y cuestionado. Y por oponerse a la espuria constitución de Oruro, entre otras cosas. Claro, es fácil utilizar a los ancianos para justificar triquiñuelas que por alguna razón se cree que tienen futuro sin caer en cuenta que antagonizar con medio país o más es ¡dispararse en el pie! La verdad es que se trata de una gruesa miopía política, una de las más indignantes de la historia de este proyecto de país.
Otra verdad a medias es hacer creer que las mal llamadas “privatizaciones” de la industria de hidrocarburos están generando los recursos cuando la verdad es que, si bien el dinero sale de una repartija endemoniada de injusticia dictatorial que ha violado el IDH, YPFB todavía no encuentra el norte administrativo y técnico ni menos el financiero sobre todo para atraer las nuevas inversiones que la industria necesita desesperadamente. Menos mal que hay voces que claman por el retorno de Petrobras que es buenísima idea. El Gobierno nunca ha sido buen administrador de nada, así que pretender que este Poder Ejecutivo haga de YPFB una cosa viable sin empleomanías es quimérico.
Claro que hay otras fuentes de financiamiento para la jubilación o renta del anciano, y todos las conocemos. Una de ellas es hacer que TODAS las empresas paguen puntualmente a los fondos de pensiones lo que descuentan por planilla. No que hoy existen empresas que descuentan pero no contribuyen, lo que no solamente es ilegal sino que es un robo, y punto. Si Su Excelencia adhiriese su voluntad de acción a la erradicación de este delito descarado, los recursos necesarios brotarían dignamente y no como hasta ahora. http://www.eforobolivia.org

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