Hablar seis horas

Hablar seis horas
Por Jorge V. Ordenes L.
El informe de Su Excelencia duró seis horas y lo que dijo en substancia pudo haberlo dicho en media hora. ¿Por qué seis horas? ¿Por imitar a Hugo Chávez y a Fidel Castro?, o porque el concepto tiempo y su consumo ¿tiene algo que ver con el valor de las cosas y de lo que se dice? La respuesta combina elementos de ambas preguntas. Pero hay algo más que está relacionado con la idiosincrasia boliviana sobre todo política, y es que mientras más dilatado el trámite, mientras más enrevesado, mientras más cueste al ciudadano en recursos de todo tipo y desde luego de tiempo e incluso salud, más debe valorarlo ese sufriente y frustrado ciudadano. Éste no tiene alternativa porque si se trata del Presidente de la República, el oyente común no tiene más remedio que escucharlo porque presidente de Bolivia sólo hay uno, o debería haberlo.
Se trata de algo increíble porque la sicología y el albedrío hegemónicos resultantes del peguismo, la informalidad (que en Bolivia se han vuelto formas de pensar y desde luego de proceder) y el resultante razonamiento de los asesores presidenciales en materia de discursos, cunden cada día más en detrimento del todos nosotros los ciudadanos de a pie que observamos sufrientes cómo esa sicología nefasta retarda y hasta frena todo intento de progreso serio según se entiende éste como adelanto y mejora sobre lo existente. Y yo creo que muchos estamos de acuerdo en que en Bolivia, o lo que queda de ella, la mejora es necesaria en casi todos los campos de la actividad humana pese a las afirmaciones de seis horas de Su Excelencia. Y eso que aquí no estamos tocando de frente la corrupción ni su gemelo el narcotráfico.
Y ¿cuál es la sicología del peguismo que por desgracia se refleja en las seis horas del discurso? “La pega” según Nicolás Fernández Naranjo, en su Diccionario de bolivianismos, es un empleo, una canonjía, una prebenda. El peguismo vendría a ser la práctica en busca de éstos descartando desde luego los requisitos profesionales y de competencia de rigor que satisfagan técnicamente las responsabilidades del cargo. Lo que quiere decir que a ese cargo ingresan los favorecidos por el partido político en el poder que, como sabemos, en Bolivia ha resultado y sigue resultando en un desbarajuste de valores que entremezclan nepotismo, pereza, inoperancia, corrupción, prepotencia, vanidades y sobre todo ¡tardanzas! La importancia del cargo para el peguismo se mide complicando lo relativamente simple dilatándolo en el tiempo tal como hizo el escribidor del discurso de Su Excelencia. Un trámite relativamente sencillo en las oficinas del Gobierno central o de cualquier otro gobierno en Bolivia, que debería tardar media hora, fácilmente puede tardar seis horas y hasta más, sin que nadie tenga la opción de protesta. De ahí la paciencia resignada del ciudadano ante diligencias oficiales que deberían tardar poco y que por idiosincrasia peguista, y por desgracia ¡tardan horas!
Y ¿cuál es la sicología de la informalidad en este caso? Se manifiesta en el contenido de lo que se hace o ejecuta. Para la informalidad comercial y otras en Bolivia, los reglamentos, las regulaciones y sobre todo la ley rigen hasta donde le plazca a ella, a la informalidad, o sea hasta donde le dé la gana. La verdad se desconoce. Saltar aduanas, reglamentos de tránsito y regulaciones municipales es cuestión de todos los días y en ingente número de casos en todos los rincones del país. Se es honesto o idóneo de vez en cuando ¿por qué? Porque nuestra ética a empujones “siempre” ha sido así, y si siempre ha sido así no queda más remedio que aceptarla como parte integral de la idiosincrasia.
Bueno pues, el contenido del discurso de Su Excelencia ha sido un despliegue de decires que por estar alejados de la realidad acontecida desde enero de 2006 no queda más que llamarlo por su nombre que es: “decires de conveniencia” repletos de inexactitudes que los historiadores nacionales y de otros países se encargarán de diseccionar en los años, décadas y siglos que vienen. Miles de millones de seres humanos leerán lo que dijo Su Excelencia. Y esto él debería saberlo.
La verdad es que no es difícil rebatir lo que dijo Su Excelencia. Por ejemplo en economía. La inflación llega hoy al doce por ciento anual, muy alta en comparación a la de los países vecinos; el crecimiento del producto interno bruto se debe a las sufridas ventas de gas a la Argentina y Brasil, y al buen precio de éste en el mercado mundial que para desgracia del Gobierno está bajando precipitadamente ante lo cual Su Excelencia no puede hacer nada. El agro de la Media Luna, a la que Su Excelencia tanto ataca, contribuyó significantemente al guarismo de exportación en 2005 y 2006. Para colmo de males el ATPDEA agoniza y Su Excelencia especula cruelmente al decir que encontrará “otros mercados”, lo que es para legos creer, y no debería proceder de autoridades que deberían abandonar la informalidad diciendo verdades… en minutos y no horas. http://www.eforobolivia.org

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