El impuesto a las remesas

El impuesto a las remesas
Por Jorge V. Ordenes L.
El impuesto adicional del uno por ciento a las remesas provenientes del exterior es regresivo e injusto; y otra vez pone en tela de juicio la capacidad profesional de los que dirigen la política fiscal de Bolivia en momentos en que YPFB y sus exportaciones “nacionalizadas” de gas deberían hacer menos oneroso el costo de vida de los bolivianos hoy también amenazados por la cruel creciente inflación que es un mega impuesto más, el peor. Todo esto mientras la informalidad y la evasión de impuestos, contrabando y otros, continúan viviendo su tradicional negra bonanza que debería ser encarada y enderezada por cualquier gobierno que se respete y que no sea parte y acaso cabeza de esa delincuencia.
Alguien de este Gobierno electo democráticamente debe enaltecer de una vez por todas la manera de hacer política en Bolivia enfrentando y derrotando a los dragones de la informalidad y la evasión de impuestos, ambos padres de la corrupción y la falta de respeto a las leyes y al contrato (y del fracaso de la Asamblea Constituyente). He ahí los libros del peruano Hernando de Soto, entre otros, para comprobarlo. Y todos sabemos que a los dragones no queda más que cortarles la cabeza y el que lo logre pasará a la historia como libertador, y será reelecto y reelecto si tal se busca.
El impuesto del 0,15 por ciento a las transacciones financieras (ITF) fue y seguirá siendo injusto y regresivo. Pero esta nueva ocurrencia fiscal que se suma al ITF es también regresiva porque se aplica al boliviano pobre de familia necesitada, emprendedor joven y trabajador que con su esfuerzo en un país extranjero de por sí taxativo y a menudo humillante, no solamente quita el uno por ciento del ahorro boliviano repatriado que en ningún momento y por ninguna razón (y menos por necesidad del erario del Gobierno actual de Bolivia) debería ser maculado con gravamen alguno, sino que también robustece aún más la desilusión que el migrante promedio debe sentir por el Gobierno de Bolivia.
Si en un momento la desilusión de años de falta de empleo y de remuneración hizo que se marchase del país, hoy ese desencanto ya en forma de perversidad continúa persiguiéndolo; la mala política fiscal boliviana lo acosa incluso en el exterior lo que es una injusticia de marca mayor y hasta una iniquidad. Por favor, no seamos tan jodidos con los compatriotas emprendedores y sus familias. Cada real ganado por ellos en el exterior debería enorgullecernos porque es mayormente ganado y no robado. Se trata de un ingreso honesto por excelencia, y eso merece más respeto que impuesto.
Quitar uno por ciento de lo que el emigrado envía a su familia que todos sabemos necesita cada centavo de la remesa, o sea quitar al pobre, no solamente es una injusticia sino que es una perversidad que debería ser cuestionada en el Congreso nacional a la brevedad posible por oficialistas pensantes (no leyentes) y desde luego por la sufrida oposición políticaque todos sabemos tiene las manos llenas. Pero aquí se trata de una excepcional población de bolivianos que con sacrificio envía al país la más auténtica y desinteresada ¡ojo! ayuda externa… que en cuanto a valor no tiene parangón. De ahí, insisto, la importancia de liberarla de todo gravamen. El Gobierno tiene la obligación moral, y desde luego debería tener el sentido común socialista o no socialista, de enmendar y dejar sin efecto inmediatamente el erróneo uno por ciento.
Las remesas que refiero constituyen una auténtica ayuda externa que tiene que manejarse como cualquier otra ayuda que provenga del exterior sea ésta bilateral, como la ayuda de millones de dólares de EEUU para combatir el narcotráfico, o cualquier donación de países. O sea que no paguen gravamen alguno. Ahora, de acuerdo al aberrante razonamiento de los “financistas” del Gobierno, esa ayuda de países también debería pagar el ITF y el uno por ciento ¿por qué no lo pagan? Tampoco lo paga la ayuda que viene con intereses y que se debe devolver, como los créditos de gobiernos que se agrupan en “el Club de París”, Banco Mundial, Banco Interamericano o la CAF. Estos con más razón deberían pagar el ITF y el uno por ciento porque son dineros de desarrollo económico que por definición deberían gestar riqueza.
Otra de las tantas paradojas del momento es que voceros oficiales continúan atacando a los extintos gobiernos neoliberales que ignoraron la existencia de la informalidad y la evasión, pero esos voceros oficiales hoy socialistas (por lo menos a empellones y de dientes para afuera) se muestran indiferentes y hasta incapaces de responder a la pregunta de por qué hoy la política oficial de un gobierno amante de las izquierdas sigue siendo “neoliberal.” La ONG que haya instruido estas normas debería regresar al primer año universitario de ciencias políticas y sociología del siglo XXI, y no de los años 1960 cuando, entre otras cosas, el mundo todavía no había presenciado el fracaso del comunismo de la Unión Soviética.

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