Una renovada esperanza en Colombia

Una renovada esperanza en Colombia
Por Jorge V. Ordenes L.
La situación en el país de Nariño, Issacs, Carrascaquilla, León de Greiff, Caro, Cuervo, Arciniegas, Botero, García Márquez y muchos otros pensadores y artistas que enorgullecen la cultura hispánica por desgracia continúa en las garras de la violencia, el narcotráfico y la desazón, y donde los clamores de orden y paz se hacen cada día más fuertes. La justicia por desgracia está en vilo y los intentos de solución también, aunque se perfila una esperanza que tiene que ver con desarrollo económico-social que ¡ojo! la Bolivia actual podría emular.
Colombia, pese al mal de violencia que padece por más de medio siglo que incluso hizo decir al pensador colombiano Fernando González en Los negroides (1935) que sólo por instantes los colombianos se sentían ángeles ya que casi siempre eran perversos, crece económicamente a más del siete por ciento anual, y por años, lo que llama la atención. Otros países que han sufrido violencia guerrillera crecieron poco o nada mientras ésta duraba. El sistema democrático se ha mantenido sobre todo en las zonas urbanas lo que ha ayudado.
The Economist dice que el presidente Álvaro Uribe en 2005 promulgó una ley, motivo de controversia, que regulaba la desmovilización de más de 31.000 paramilitares que se decía luchaban contra la guerrilla de izquierda. Hoy los paramilitares nuevamente se arman porque la ley, según sus críticos, se presta a interpretaciones de toda índole. Por otro lado el Poder Judicial está sufriendo los embates de protestas por haber dicho que los paramilitares nunca se levantaron contra el Estado, sino que se conjuraron con algunos militares y políticos con el propósito de defender intereses económicos entre los que se encuentra el narcotráfico, por lo que no pueden ser amnistiados ni perdonados. Uribe responde que si el Poder Judicial no hace mucho identificó a la guerrilla de izquierda como de índole política ¿Por qué no hacer lo mismo con los paramilitares? La pugna continúa y amenaza con socavar las esperanzas de paz.
Pero hay una nueva esperanza más sólida que ninguna, al punto de que el Washington Post la califica de “arma nueva”. Y es la construcción masiva de carreteras, hospitales y escuelas sobre todo en las regiones alejadas que normalmente han sido pasto de fuerzas irregulares como los paramilitares de derecha, los guerrilleros de izquierda y los narcos. Las localidades de Tierralta, Catatumbo, San Vicente del Caguán, Tumaco y otras por el momento se benefician o están por beneficiarse. Otras 1.100 localidades registradas y cientos más no registradas constituyen el reto mayor que solo el tiempo y la constancia lograrán abarcar de modo que, entre otras cosas, los pobres de Colombia alcancen días mejores que los aparten de las filas de las guerrillas. Colombia tiene 46 millones de habitantes con un ingreso anual per cápita de 2290 dólares. La tarea no es nada fácil pero tampoco imposible. Peor es la contumacia en el error.
La idea es tan acertada como obvia y lo ha sido por mucho tiempo. Lo intrincado es entender cómo un país alfabeto como Colombia no adoptó hace décadas el desarrollo económico-social en escala nacional como una sólida contribución a los cimientos de paz donde tanto se los necesita. http://www.eforobolivia.org

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