Evo ¿Hugo?

Evo ¿Hugo?
Por Jorge V. Ordenes L.
Es notorio que desde hace diez y siete meses, y quizá desde antes, Su Excelencia busca a brazo partido parecerse cada vez más a Hugo Chávez, pero le está saliendo mal como podía pronosticarlo cualquiera que no haya pasado por la experiencia del Chapare y sus bemoles. La pregunta es por qué imita, teniendo en cuenta que el Palacio Quemado tiene la obligación de saber o de hacerse informar que la elocuencia mesiánica de Chávez no habita ese Palacio ni mucho menos, y que la situación geográfica, económica, política, social e histórica de Bolivia es distinta y distante de la venezolana, y que solo una sicología amedrentada, de protección, de temor, quizá de complejos sicoanalíticos, de desconfianza en ella misma y sobre todo desconocimiento de Bolivia, e incluso pereza, hacen que uno se monte en la estela de alguien como Chávez.
El discurso inconexo, balbuceante y prolongado de Su Excelencia el 6 de agosto fue una demostración más de esa tendencia a la imitación, lo mismo que el afán de imponer inconstitucionalidades en la fracasada Asamblea Constituyente, y liderar el tozudo intento de imponernos una constitución que más tiene de arte barroco (y con faltas de ortografía) que de ley fundamental. El intento estilo Chávez de poblar el Poder Judicial con gente servil al Gobierno a como dé lugar es otro atentado no solamente contra la democracia sino contra el sentido común y el don de gentes, y sus derechos; amén del descalabro que han hecho varios representes del Ejecutivo de la cuestión de la capital de la república. Increíble. Chávez ni por asomo tiene un problema similar.
¿A qué gentes me refiero en esto del don? Nada menos que a la mayoría de los bolivianos que hoy se ven obligados a dejar de trabajar normalmente para defenderse de un Poder Ejecutivo que por satisfacer a los “movimientos sociales” dizque a lo Chávez, descuida lo demás. Qué error (¡!) Cuándo lo primero que uno espera de su líder máximo y de sus colaboradores es que enaltezcan la representación nacional e internacional de todos los bolivianos, y no solo de unos cuantos que con los quinientos años a flor de labio nos tienen más que cansaditos. Digo esto porque es muy distinta a la prédica social de Chávez que en ningún momento se ha referido a la ridiculez de los 500 años que, a propósito, han sido más complejos de lo que creen varios dignatarios del poder Ejecutivo y sus turiferarios de los “movimientos sociales”.
Chávez percibe varios millones de dólares por minuto en pago por petróleo exportado sobre todo a EEUU, comercio que hoy es posible gracias a que hace décadas se invirtieron ingentes capitales para extraerlo. Bolivia no puede estar en ese tren porque entre otras cosas precipitadas “nacionalizó” antes de que las nacionalizadas invirtiesen lo que señalaban los contratos. Un error. Y lo peor es que la falta de garantías a la inversión privada, y el “socialismo” que pulula, impiden la inversión necesaria. Ojala que la oferta de Chávez de invertir en el norte de La Paz se cristalice. Por otro lado el renacido YPFB todavía no da señales de salud. Si nos guiamos por la historia de estas cosas en Bolivia, YPFB tiene el futuro cuesta arriba pese a la supuesta ayuda venezolana. http://www.eforobolivia.org

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