El significado de los rumores

El significado de los rumores
Por <Jorge V. Ordenes L.
Los rumores que se cernieron antes del 7 de agosto en torno a la parada militar y el desfile tuvieron como pulpa la posible violencia entre regiones, los enfrentamientos, el caos, la insensatez, la escasez, y la estupidez. Incluso se llegó a rumorear un final de la integridad de Bolivia donde extranjeros arribados de Cuba, Venezuela y sus anfitriones bolivianos, y la mayoría del país, iban a trenzarse. “Para qué más van llegar aviones y más aviones con extranjeros y cajas de misterio a los aeropuertos nacionales” se rumoreaba (y se rumorea).
Desde luego estos rumores añadidos a las docenas que circulan tienen un costo elevado para todos los bolivianos que ojala se mida de alguna manera en la historia del país. Después de todo, el galés Thomas Carlyle dijo en su Historia de la revolución francesa (1837) que la historia no era más que un destile de rumores. Quizá por eso el profesor Herbert S, Klein, en el Prefacio de su Bolivia (1982), diría que “la historia de los pueblos de Bolivia es una de las más complejas y fascinantes de la evolución histórica”.
Pero resulta que ninguno de los vaticinios fatídicos de las últimas semanas y hasta meses se convirtió en realidad lo que por un lado vino a ser una gran cosa, pero por otro es un motivo de reflexión e incluso preocupación en torno al significado de los tales rumores y su origen; y también un motivo de análisis de la gente que los procrea sobre todo por el temor que sembraron (y por desgracia siguen sembrando) en buena parte de la población que viene a ser, insisto, una víctima del más inmerecido estrés que se vino a añadir a los tantos agobios que las colectividades tienen que soportar y procesar física y síquicamente en este momento.
El significado del rumor es intrincado porque nace de circunstancias bullentes y hasta quemantes que en el caso de Bolivia se acuñan en el ambiente de confrontación, confusión e incertidumbre creado por declaraciones imprecisas, conflictivas, confusas, impertinentes y hasta incompetentes de algunos personeros del Poder Ejecutivo que simplemente no deberían estar ahí. Por ejemplo, que uno de ellos diga ¡públicamente! que la soya que exportamos sirve sobre todo para alimentar cerdos es una tontería, entre otras que se oyen en los medios incluso estatales una y otra vez. Esta declaración equivocada hizo que por lo menos un criador de cerdos de los Yungas preguntase por el precio de la referida soya a lo que se le respondió que llamase al Ministerio de Gobierno. Llamó y le dijeron que debía llamar a ¡un médico! Seguramente lo creyeron ¡loco!
El resultado de ese caldo de desatinos más, como digo, la bullente y hasta quemante situación actual de las colectividades bolivianas no solamente da pie al rumor, sino que es un atentado contra la salud del ciudadano; también es una experiencia de la que se aprende poco o nada y por eso es, sobre todo, una colosal pérdida de tiempo. ¿Y a quién se puede achacar culpa de que el Ejecutivo en este momento se comporte como se ve y se oye? Yo creo que se la debe achacar a todos nosotros que hoy estamos pagando el precio de haber tolerado gobernantes por décadas que nunca plantearon la multietnicidad y la pluriculturalidad como retos políticos.
Otro resultado es que ahora estamos pagando el precio oneroso de los hechos que provocan no solamente las percepciones apuradas que en muchos casos dan lugar a los rumores, sino que también provocan alocuciones tan desordenadas como el discurso de su Excelencia el 6 de agosto en Sucre. De este desatino tienen culpa los asesores nacionales y extranjeros que nunca debieron aprobar una entrega tan cansadora en la que la Retórica se vio en apuros, también la paciencia. Fue especial por lo prolongada y lo por esquiva de los problemas candentes como el arribo clandestino de extranjeros, el uso de las reservas del Banco Central en crear empleo, la inflación, el narcotráfico, la falta de inversiones privadas, la fuga de bolivianos, la autonomía departamental, el problema de la tierra, las inundaciones del Oriente, la inseguridad jurídica, la Constituyente y sus ilegalidades, Bolivia y el Mercosur, el proyecto brasilero del río Madera, la capitalidad de la República, las cooperativas, la vertebración caminera seria (y no política), y la incertidumbre y molestia que causa la repetida llegada de extranjeros, insisto, que sin mostrar pasaporte ingresan (cuando a nosotros nos obligan a ceder fotocopia en el aeropuerto). Para viajar a Venezuela nos exigen más que los europeos y estadounidenses lo que es paradójico por lo ridículo, sobre todo si se quiere alcanzar milagrosamente el nivel de vida de ¡de Suiza! Al respecto, con que se salga de colero del desarrollo integral suramericano sería una maravilla. ¡Soñar no cuesta¡ y hablar del sueño tampoco.
Si el setenta y tantos por ciento de los maestros de Bolivia se han aplazado en una prueba de conocimiento docente, imaginemos el resultado “suizo” que podemos lograr si el examen se hace a toda la administración pública. Ojala que esto también sea motivo de rumor.www.eforobolivia.org

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