La constituyente a la deriva

La Constituyente a la deriva
Por Jorge V. Ordenes L.
Urge aplaudir al Presidente de la República por anunciar públicamente que la ya afamada “Asamblea Constituyente” necesita más tiempo para seguir, pero seguir cómo. Empantanada diría yo sin esperanzas de llegar a acuerdo alguno que genere una nueva Constitución aceptable a la mayoría de los bolivianos.

Como están las cosas, no hay esperanzas de llegar a ningún acuerdo porque la mitad de la población (la que más contribuye al producto interno bruto) no está de acuerdo con hacer “países” “plurinacionales” o “pluriestatales” basados en preponderancias étnicas ni mucho menos. Y si la mitad de la población no está de acuerdo, no se avanza sobre todo en una traspirada democracia que en su momento tuvo la virtud de otorgar el voto a la inmensa mayoría de los bolivianos de todas las latitudes.

Incluso si en la “Asamblea” se generase un repentino y poco entendible “acuerdo” que incorporase lo de “plurinacionales” y otras aberraciones en un borrador de Constitución (en Bolivia todo es posible), y si de borrador pasase a versión final y ésta se “aprobase” de una manera también repentina e inexplicable, esa mitad de la población no aceptaría ese acuerdo, ni menos acataría la dizque “nueva Constitución”. Y ahí, señores del Poder Ejecutivo, y de otros poderes, radica la madre del cordero de la paralizada situación actual.

La Constituyente en este momento no es más que la parte visual, palpable e entristecedora de un desacuerdo nacional que ha venido latiendo desde la época de la Independencia. Lo único, digamos positivo, de este desacuerdo es que ha brotado cual pus histórico donde los discordes por fin ponen la cara y se enfrentan de igual a igual de una manera estridente, esperpéntica y hasta estrambótica, sobre todo por las atrabiliaridades que se observan como la de avasallar el Poder Judicial por motivos políticos.

El desacuerdo y hoy enfrentamiento se palpa en la chabacanería de la Asamblea Constituyente que acaso, y solo acaso, pueda constituirse en algo, como en una oportunidad de entendimiento donde los del Gobierno y los demás, que como digo constituyen más de la mitad de la población sobre todo si a ésta añadimos los bolivianos que radican en el exterior la mayoría de los cuales conocen de cerca el producto edificante del trabajo ordenado y persistente… y mejor remunerado en términos reales que en Bolivia.

Algunos de nosotros creemos que dar más tiempo a la situación como está, en última instancia, es perderlo. Me refiero a perder tiempo. Lo que debería anunciarse e incluso enunciarse ya no más (dilatar es imposibilitar cada vez más) es el producto de una observación y ponderación realistas por parte del Gobierno de lo que pretenden y hasta añoran los habitantes del Norte, Occidente, Oriente y Sur de Bolivia.

En la coyuntura discordante actual, es impostergable sopesar la áreas susceptibles a discusión, negociación y quizá acuerdo, como los asuntos de las autonomías departamentales, el aprovisionamiento y la exportación de gas, y la efectividad del Ministerio de Hidrocarburos y de YPFB que dicho sea de paso hasta ahora no dan pie en bola ni administrativa ni técnicamente. Una lástima. Y se trata de una “lástima” que tiene que ser abordada por todos los bolivianos sin gritar ni menos echar codazos a ningún prójimo porque sin prójimo simplemente no habrá Bolivia.

Aquí se trata de que la ley, empezando por la Constitución, aglutine a toda la ciudadanía, y no que ésta se aglutine dizque por etnias. A propósito, los que incluyeron en la Constitución vigente eso de “multiétnico y “pluricultural” metieron la pata porque de lo que siempre se trató fue de aglutinar, y no de identificar ¡y constitucionalizar! diferencias. No creo que haya país iberoamericano donde no exista multietnicidad y pluriculturalidad, ni menos país europeo donde no se las observe y hasta se las sienta, pero en ningún caso se hace hincapié constitucional o jurídico de estas diferencias. Los errores se pagan caros.

Ahora, una vez que los entendimientos fuesen logrados entre el Gobierno central y los departamentos en las áreas que acabo de mencionar, y otras, el acuerdo y la relativa armonía llegarían pronto a la Asamblea constituyente.

Como digo, aplaudamos el tiempo adicional, pero de ninguna manera debemos pensar que con más tiempo la oposición de las regiones al Poder Ejecutivo y sus empujones ideológicos dará brazo a torcer.

Entiéndase, ojalá que de una vez por todas. Señores del Poder Ejecutivo, más de la mitad de los bolivianos no comulgan con el izquierdismo desorejado de algunos de nuestros gobernantes. Digo algunos porque una buena porción de ellos son oportunistas, arribistas, mejor dicho, camaleónicos hasta la médula.

La oportunidad es única para empezar a hacer una nueva Bolivia en base a una renovada Constitución que, por estar en este momento a la deriva, de ninguna manera significa que no se la pueda anclar de modo que todos los bolivianos nos sintamos seguros de que podemos convivir quizá mejor que antes.

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