Dizque la prensa en contra

Dizque la prensa en contra
por Jorge V. Ordenes
El Poder Ejecutivo del Gobierno de Bolivia se afana en decir que la prensa boliviana está en su contra, cuando la purísima verdad es que esa prensa mayormente reporta y comenta lo que ve, escucha y/o siente como la profesión y los cánones de la libertad de prensa mandan en un país donde los días tiene de todo menos de aburridos. Se trata de una ciudadanía que tiene deseo y hasta necesidad de que se reporte lo informativo, o sea lo que acontece porque tal le incumbe y le importa porque lo afecta. Y todos deberíamos saberlo. Se trata de sentimientos y necesidades que en Bolivia tienen tradición. Y el que quiera afectarlos caprichosamente, por no decir mordazmente, se estrellará contra paredes.

Hoy lo inmediato apremia, y es que la profesión se va convirtiendo en un peligro para la integridad física de los periodistas, camarógrafos y hasta redactores y directores de medios, según vamos viendo. Lo malo es que ¡ojo! primero sería el personal de prensa en general. Una vez diezmado éste, la próxima línea sería la del ciudadano y sus derechos constitucionales. Y ahí las cosas tocan el corazón de la democracia. Ojala que sólo sean divagaciones mías, aunque divagar jamás ha sido ilegal en democracia. La divagación no será noticia pero sí es hija de ésta.

Yo creo que lo que está en contra de lo que hace o deshace el Gobierno en buena parte es eso, lo que hace y lo que deshace; también lo que dice, lo que promete, lo que se desdice, lo que se contradice, lo poco que hace con la aquiescencia de la mayoría de los bolivianos, y lo que calla. Todo tras confundir por eso de que en río revuelto ganancia de “pescadores”; o sea ganancia de algunos encumbrados porque, dicho sea de paso, las perennes renuncias, reemplazos y cambios de personal estatal ruborizan a los colaboradores y turiferarios de la cruzada de tergiversaciones que se afinca en una realidad de un nepotismo pocas veces visto. Si se busca ocultar o traspapelar los desatinos y las metidas de pata, tal no se podrá lograr porque entre otras cosas es imposible tapar el sol con un dedo. Con solo observar la caterva de empleados presupuestívoros que todavía ganan más que su Excelencia se ilustraría el punto. He ahí las universidades estatales, entre otros entes, para probarlo.

A propósito, “pescar” para comer o hacer comer no tiene nada de malo, o para enseñar a pescar; pero no para tergiversar las complicadas verdades en un afán de ganar qué ¿adeptos? No creo. Es más un afán de imponer un “socialismo” remendado y hecho a codazos con la ayuda de ciertos venezolanos con dinero y algunos otros que proclaman el triunfo dizque de “la prensa libre”.
Cuando de libre y realmente democrática tiene poco o quizá nada.

Tal recuerda el postulado del dictador (y presunto periodista) Benito Mussolini que en un editorial de Avanti en julio de 1912 decía que el periodismo no era una profesión sino una misión… “nuestro periódico es nuestro partido, nuestro ideal, nuestra alma, y nuestra insignia que nos llevará al triunfo”. Por lo que se ve, escucha y lee, sobre todo en la prensa y en la internet, esos codazos también son cuestionables por la inconsistencia y el encono con que se dan siguiendo lo del dictador italiano. La contumacia en el error persiste y por supuesto despampana a nacionales y extranjeros.

Por otro lado un socialismo consistente, bien pensado y mejor presentado a los que votamos en elecciones, daría como resultado una prensa también consistente. Pero lo cierto es precisamente lo contrario que trae a la memoria al escritor irlandés Oscar Wilde que en Profundis, en 1904, decía que “el periodismo moderno, al darnos la opinión de los maleducados, nos mantiene al tanto de la ignorancia de la ciudadanía”. Esto porque los educados opinan menos, e incluso el Gobierno preferiría que, por el momento, no opinasen. De de eso se trata.

Para muestra basta un botón: si hoy el Ejecutivo cedió ante las demandas de los mineros cooperativistas bullangueros y decididos, imagínese el lector cómo será si el Oriente, Norte, Sur, y la clase media de las ciudades dicen ¡no! a ningún socialismo por más que esté salpicado de retórica en torno a los ¡500 años!, a los pobres desvalidos, a los postergados, a los analfabetos y a los “movimientos sociales” que dicho sea de paso están en todo el país y en todos los rincones, y no todos son mineros ni mucho menos. Insisto, ese intento de socialismo remendado se estrellará contra movimientos sociales de corte histórico. Así, los que crean que el Cabildo del millón, y otros recientemente realizados en Santa Cruz y en otras capitales de departamento, no constituyen sendos e importantes movimientos sociales, se equivocan; es decir, no leen la prensa ni la ven y/o escuchan.

Por lo anterior y docenas de razones más, el Gobierno central debería persuadirse de una vez por todas que necesita la prensa libre de verdad, sobre todo si comienza a gobernar en nombre de todos lo bolivianos. Lo ayudaría porque, entre otras cosas, lo tranquilizaría.

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