Benedicto XVI en Estambul

Por Jorge V. Ordenes L.
La idea vaticana de que el Papa Benedicto XVI visitase al mayor Patriarca de la Iglesia Cristiana Ortodoxa con sede en Estambul, Bartolomé I, fue buena y acaba de llevarse a cabo con dificultades previsibles, sobre todo porque en la historia del mundo separar la política de la religión ha sido a menudo imposible como lo estamos viendo en Turquía con repercusiones en las guerras del Oriente Medio y la postulación de ingreso de Turquía a la Unión Europea (UE).

Los deslices oratorios de José Ratzinger, antes y después de llegar a ser Papa, sobre todo en temas religioso-políticos en torno al islamismo, y la alborotada y hasta bélica situación actual de las relaciones entre Occidente y el Islam, tienen que moderarse y hasta erradicarse porque, por un lado, el Vaticano es un Estado con derechos y obligaciones, y por otro lado, para muchos, es incluso más importante como sede de la Iglesia Católica y como domicilio emotivo nada menos que del Vicario de Cristo.

La idea de la visita fue buena porque ya es tiempo de que el Vaticano tome iniciativas de mayor envergadura que aúnen intenciones de unificación de las grandes iglesias Católica Romana y Cristiana Ortodoxa. Aquélla en 2004 albergaba espiritualmente a 1.106 millones de católicos del mundo; y ésta tenía 218 millones de cristiano-ortodoxos distribuidos 38 millones en África, 13 millones en Asia, 159 millones en Europa, 850.000 en Iberoamérica, casi siete millones en Norte América, y 750.000 en Oceanía. En Europa los países de mayor preferencia cristino-ortodoxa son Rusia, Ucrania, Grecia, y Chipre.

Recordemos que el Cisma de Oriente, o sea la separación de la Iglesia Católica Romana de la Iglesia Cristiana Ortodoxa, que culminó en 1054 DdC, se debió sobre todo a la predilección política del Papado, en ese momento de León IX, por los crecientes y poderosos reinos de Alemania y Francia, y su alejamiento de los cristianos de Constantinopla (hoy Estambul) liderados en ese momento por Miguel Cerulario que con el Emperador Bizantino habían visto sus patriarcados de Antioquía, Jerusalén y Alejandría caer en manos de invasores musulmanes. Lo que menos podía hacer Cerulario políticamente era declararse igual e incluso mejor que los latinos “bárbaros” de Roma. El Papa lo excomulgó, etc. El cisma se produjo y ambos bandos hasta ahora han tenido poco éxito en reducir diferencias. De ahí el significado del viaje de Benedicto XVI a Turquía.

Como cabeza de la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano, el cardenal José Ratzinger, electo Papa en abril de 2005 para reemplazar a Juan Pablo II, adquirió la fama de estricto e incluso implacable lo que se corrobora por la forma como trató, en mi opinión precipitadamente, al religioso Leonardo Boff, uno de los gestores de la Teología de la Liberación latinoamericana que propugnaba un trabajo más directo de la jerarquía de la Iglesia con los pobres. Lo que estamos viendo ahora con gobiernos como el de Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, y seguramente el de Ortega en Nicaragua, Correa en Ecuador, y menos ruidosamente con los gobiernos de Bachelet, Kirchner, Lula, y Vázquez de una u otra manera se asemeja a lo que postulaba la Teología de la Liberación hace 35 años. Perdimos tiempo precioso.

El Cardenal Ratzinger también se opuso, y el papa Benedicto XVI se sigue oponiendo, a que las mujeres se ordenen de sacerdotisas, oficien misa, confiesen y, en general, que los sacerdotes y monjas se casen de modo que, entre otras cosas, disminuya la incidencia delictiva de pederastia que solamente en EEUU ha alcanzado proporciones alarmantes en los últimos años con más de 2000 casos pendientes.

Pero volviendo a Estambul, la BBC de Londres dijo recientemente que el cardenal Ratzinger había escrito en 1996 que el Islam tenía dificultad en adaptarse a la vida moderna; y que se sintió contrariado cuando su antecesor, Juan Pablo II, se constituyó en el primer Papa que ponía pie en una mezquita en 2001 en Siria. También dijo que en 2005 el Cardenal acusó a los líderes musulmanes de Alemania de haber permitido la formación de la juventud de una manera que él describió como “el oscurantismo de un nuevo barbarismo”. El Cardenal Ratzinger decía al diario Le Figaro de París en 2004 que Turquía siempre había sido un continente distinto y en contraste permanente con Europa. El 27 de septiembre de 2006 en una conferencia citó a un emperador bizantino diciendo que el Islam sólo había engendrado violencia, lo que resultó en protestas por parte de los musulmanes del mundo que ahora en Turquía se han hecho escuchar en medio de explicaciones de funcionarios del Vaticano que dicen que el Papa dijo lo que dijo el 27 de septiembre pero que no se adhería a lo dicho, y que ahora se veía con buenos ojos la intención de continuar considerando el ingreso de Turquía a la UE.

De todas maneras, cabe estar alerta a lo que diga Benedicto XVI ya que su récord de dichos muestra momentos de insensibilidad e incluso descuido. Nadie es perfecto, claro.

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